domingo, 10 de marzo de 2013

"Un día le dijeron que tenía que aprender a sonreír y se lo tomó al pie de la letra."

Los ojillos color café siempre brillantes, desprendiendo un aura que hacía cosquillas por todas las células de su piel, y una sonrisa infantil permanente en la cara. Hasta dormida sonreía. No tenía nombre. Todos la llamaban Felicidad, o Alegría... Era sencillo y obvio el por qué. Esa chiquilla no era normal, y muchos llegaron a pensar que estaba loca. No se apenaba nunca por nada. Y nada quiere decir nada.
Supongo que el mundo funciona de esta manera: hay sentimientos fijos, como Alegría, y nosotros estamos compuestos de pequeñas porciones de ella y sus compañeras y amigos, que nos lo han transmitido cuando pasan los años, por medio de situaciones. Unas buenas, otras malas. Mejores y peores, vaya.

Desde luego el mundo y el ser humano son impresionantes. Si lo dice tanta gente, por algo será.

domingo, 13 de enero de 2013

Como se suele decir, "ahí queda."

"Lo bueno de la música es que, sin quererlo ni beberlo, acabas teniendo tu propia banda sonora de la vida."

miércoles, 9 de enero de 2013

Sus pasos sonaban secos y rítmicos. Derecha, izquierda, sin detenerse hasta llegar a su destino, aunque no lo tuviese.

Murmullo de calles, gentío, tráfico. Una calle ocupada por cientos de personas, pero unas baldosas predestinadas a ser suyas en ese trayecto.

Sacó un cigarrillo del bolsillo y buscó el mechero durante unos segundos. Un murmullo tenue se acercaba. Siguió buscando el mechero inexistente, se le había olvidado en casa. El murmullo fue entonces una melodía que provenía de un piso cercano. Dio por perdido el mechero y se guardó nuevamente el cigarrillo. Tras unos instantes, y sin haberla percibido siquiera, la melodía se apagó. Baldosa a baldosa, consiguió a llegar a ninguna parte, tal y como había planeado.